Call center para extorsión en Quito generaba hasta $67.000 mensuales

Una red delictiva sofisticada operaba bajo fachada de empresa legal

Un supuesto call center ubicado en la ciudad de Quito fue desenmascarado como una fachada para una red de extorsión internacional que habría operado entre Ecuador y México, generando ingresos mensuales que oscilaban entre $5.000 y $67.000, según revelaciones de la Fiscalía General del Estado. Este caso ha puesto en evidencia cómo estructuras empresariales aparentemente legales pueden ser utilizadas para operaciones criminales altamente organizadas y lucrativas.

Cuatro nuevos procesados y medidas judiciales severas

El 5 de agosto, se llevó a cabo una nueva audiencia de vinculación en el Complejo Judicial Norte de Quito, en la que se incorporaron cuatro personas más al proceso penal por el delito de extorsión. Con estas nuevas vinculaciones, el número total de procesados asciende a 40 personas, incluyendo tanto a operadores como a funcionarios administrativos de la empresa fachada.

El juez anticorrupción a cargo del caso aceptó el pedido de prisión preventiva para los nuevos procesados y ordenó otras medidas como:

  • Prohibición de enajenar bienes.
  • Congelamiento de cuentas bancarias, salvo aquellas destinadas a pensiones alimenticias o jubilaciones.
  • Clausura y suspensión temporal de la empresa involucrada, mediante oficios dirigidos a la Superintendencia de Compañías.

Modus operandi: llamadas y correos amenazantes para extorsionar a víctimas

Según los elementos de convicción presentados por la Fiscalía, los implicados habrían utilizado el supuesto call center para realizar llamadas telefónicas intimidatorias, enviar mensajes de texto y correos electrónicos con contenido violento, dirigidos a ciudadanos tanto de Ecuador como de México. El objetivo era claro: exigir sumas de dinero a cambio de no hacer públicos ciertos materiales o información comprometedora para las víctimas.

Esta estrategia de coacción digital se sustentaba en una logística que aparentaba formalidad empresarial, lo que dificultaba su detección por parte de las autoridades durante los primeros meses de operación.

La declaración del contador reveló las ganancias delictivas

Uno de los implicados clave, Edwin Rodrigo M., quien se desempeñaba como contador de la empresa, declaró que la empresa facturaba entre $5.000 y $67.000 mensuales. Estos fondos provenían tanto de cuentas bancarias ecuatorianas como de entidades mexicanas, lo que evidencia una red financiera transnacional vinculada a la estructura delictiva.

Además, señaló que más del 80 % del personal no contaba con afiliación al Seguro Social (IESS) y que sus sueldos eran cubiertos con fondos enviados desde el extranjero, lo que refuerza la hipótesis de que la operación estaba diseñada para eludir los controles fiscales y laborales del Estado ecuatoriano.

Roles encubiertos dentro de la organización criminal

Los cuatro nuevos procesados cumplían funciones específicas dentro de la empresa:

  • Dos de ellos estaban a cargo del mantenimiento técnico de los equipos utilizados por los operadores.
  • Uno fungía como representante legal.
  • Otro ocupaba el rol de gerente general.

Estas personas no solo facilitaban la operación técnica del supuesto call center, sino que también encubrían su propósito real y contribuían a mantener la fachada empresarial que les permitía operar sin levantar sospechas durante un tiempo considerable.

El impacto en la sociedad y la respuesta institucional

El caso ha generado gran conmoción en la opinión pública, especialmente por la sofisticación de los métodos empleados y la cantidad de personas afectadas. Las víctimas no solo fueron ciudadanos ecuatorianos, sino también residentes en México, lo cual podría implicar delitos internacionales y la intervención de organismos de cooperación judicial entre países.

La Fiscalía ha sido enfática al declarar que no se descarta la existencia de más víctimas ni la participación de otras empresas o personas naturales en esta red de extorsión. Además, se ha solicitado la colaboración de la Unidad de Análisis Financiero y Económico (UAFE) para rastrear el flujo del dinero recibido por la organización criminal.

Extensión de la instrucción fiscal

Dada la complejidad del caso y la cantidad de evidencia recopilada, la instrucción fiscal se extenderá por 30 días más, con el fin de profundizar las investigaciones, recabar nuevos testimonios, analizar las transacciones financieras y verificar la autenticidad de documentos que podrían comprometer aún más a los procesados.

El rol de las entidades de control y la lucha contra el crimen organizado

La Superintendencia de Compañías ha recibido la orden judicial para aplicar sanciones administrativas contra la empresa fachada, incluyendo su clausura temporal. Esta medida busca impedir que la estructura sea utilizada nuevamente para actividades ilícitas mientras se sustancia el proceso penal.

Por su parte, la Policía Nacional y el Ministerio del Interior han reforzado los controles y auditorías a este tipo de negocios que podrían operar como pantallas legales para redes delictivas, especialmente en sectores como telemarketing, call centers y servicios digitales.

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