El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, ha salido al paso de las críticas nacionales e internacionales por la reciente aprobación de una reforma constitucional que permite la reelección presidencial indefinida, calificando tales cuestionamientos como actos de doble moral. En un país donde los cambios políticos suelen generar controversia, Bukele asegura que su propuesta no es una amenaza para la democracia, sino una oportunidad para consolidar un modelo de gobernabilidad que, según él, ya ha dado resultados.
Contexto político de la reforma en El Salvador
La reforma aprobada por la Asamblea Legislativa el pasado jueves ha causado un profundo revuelo tanto dentro como fuera del país. Con una mayoría oficialista en el Congreso, se aprobó de manera expedita una serie de cambios a la Constitución salvadoreña. Entre los puntos más polémicos están:
- La posibilidad de reelección presidencial indefinida.
- La ampliación del mandato presidencial de cinco a seis años.
- La eliminación de la segunda vuelta electoral, lo que permitiría ganar con una mayoría simple.
Estos cambios han sido interpretados por varias organizaciones de derechos humanos y analistas políticos como una clara señal de concentración de poder en manos del actual mandatario.
Bukele responde: «El Salvador no debe ser juzgado por su tamaño ni su pobreza»
En su estilo directo y provocador, Bukele utilizó la red social X (antes Twitter) para expresar su rechazo a las acusaciones. “90% de los países desarrollados permiten la reelección indefinida de su jefe de gobierno y nadie se inmuta”, escribió. “Pero cuando un país pequeño y pobre como El Salvador intenta hacer lo mismo, de repente es el fin de la democracia”.
Con estas palabras, Bukele lanza un mensaje claro: existe un trato desigual hacia las naciones en desarrollo, y las decisiones soberanas que toma El Salvador deberían ser vistas en igualdad de condiciones respecto a las de otras democracias occidentales.
Críticas internacionales: Amnistía Internacional y HRW se pronuncian
Amnistía Internacional, Human Rights Watch (HRW) y la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA) reaccionaron con dureza. Las tres organizaciones coincidieron en que la reforma representa un «golpe mortal a la democracia» y una clara manipulación constitucional con fines personalistas.
“Esto es alarmante para la región”, declaró Juanita Goebertus, directora para las Américas de HRW. “No es solo El Salvador, es el precedente que se sienta para otros países con líderes autoritarios en potencia”.
El respaldo popular como escudo político
A pesar de las críticas, el presidente Bukele mantiene altos índices de aprobación entre los salvadoreños, según encuestas independientes. Sus políticas de seguridad, particularmente el combate frontal contra las pandillas, han generado un apoyo ciudadano sin precedentes. Muchos salvadoreños consideran que los logros en materia de seguridad justifican la continuidad del presidente en el poder.
Este respaldo popular es utilizado como argumento para defender la legalidad y legitimidad de la reforma. “El pueblo es soberano”, dicen desde el oficialismo, y si la mayoría aprueba la reelección, no debería haber obstáculos para ello.
¿Una tendencia en América Latina?
La reelección indefinida no es nueva en América Latina. Países como Nicaragua, Venezuela, Bolivia y Honduras han vivido procesos similares. En la mayoría de los casos, estos cambios han llevado a un deterioro institucional y una concentración de poder, aunque sus líderes siempre han argumentado tener el respaldo popular.
En ese contexto, El Salvador se suma a una lista de países donde la figura presidencial se extiende más allá de lo que originalmente contemplaban sus constituciones.
El rol del Congreso y la separación de poderes
Uno de los puntos más cuestionados por los opositores es la velocidad con la que se aprobó la reforma, sin un debate amplio ni participación ciudadana. Además, se cuestiona la independencia del Poder Legislativo, ya que el partido oficialista Nuevas Ideas controla cómodamente la Asamblea.
Esto genera preocupaciones sobre la erosión del sistema de pesos y contrapesos, elemento fundamental en cualquier democracia. Los críticos señalan que sin una oposición fuerte y un poder judicial independiente, la reelección indefinida podría derivar en autoritarismo.
¿Qué dice la Constitución salvadoreña original?
Hasta antes de esta reforma, la Constitución de 1983 prohibía expresamente la reelección inmediata. Sin embargo, en 2021, la Sala de lo Constitucional –cuyos magistrados fueron nombrados tras una polémica destitución de los anteriores– permitió que un presidente pudiera optar por un segundo mandato consecutivo.
Con la nueva reforma, no solo se permite esa reelección, sino que se elimina cualquier límite. Esto ha sido interpretado como una forma de consolidar el poder de Bukele a largo plazo, con pocos mecanismos institucionales para impedirlo.
Bukele y el discurso del nacionalismo soberano
El mandatario ha insistido en que las reformas no buscan perpetuar a una persona, sino permitir que la ciudadanía decida libremente en las urnas. En sus palabras, lo que se busca es “dar continuidad a un proyecto que ha demostrado funcionar” y “evitar que el país vuelva a manos de los mismos de siempre”.
Este enfoque nacionalista y soberano cala hondo en una población cansada de la corrupción y de la ineficiencia de gobiernos anteriores. Bukele ha logrado posicionarse como una figura anti-establishment, aun desde el poder.
Implicaciones futuras: ¿qué puede esperar El Salvador?
La pregunta que muchos se hacen es: ¿qué pasará si Bukele continúa en el poder por varios periodos? Aunque algunos ven estabilidad y continuidad en sus políticas, otros temen por el futuro de la institucionalidad democrática.
Los expertos advierten que la concentración de poder sin límites genera condiciones para abusos, persecuciones políticas y censura. Sin embargo, por el momento, el presidente salvadoreño goza de un fuerte respaldo ciudadano, lo cual podría darle vía libre para consolidar su modelo de gobierno.
90% of developed countries allow the indefinite reelection of their head of government, and no one bats an eye. But when a small, poor country like El Salvador tries to do the same, suddenly it’s the end of democracy.
— Nayib Bukele (@nayibbukele) August 3, 2025
Of course, they’ll rush to point out that “a parliamentary…

Deja una respuesta