La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, destituyó oficialmente a Alex Saab de su último cargo dentro del Ejecutivo, al removerlo de la presidencia del Centro Internacional de Inversión Productiva (CIIP). La decisión forma parte de una restructuración profunda del gobierno interino, orientada a redefinir el rumbo político y económico del país en un contexto de alta presión internacional y expectativas de cambio institucional.
Saab, señalado por la justicia de Estados Unidos como testaferro de Nicolás Maduro, había ocupado cargos estratégicos dentro del aparato estatal venezolano, pese a las acusaciones de lavado de dinero y conspiración. Su figura se consolidó durante los años más críticos de la crisis económica, especialmente por su participación en el sistema de importaciones de alimentos CLAP, un programa rodeado de denuncias por presuntas irregularidades contractuales.
Calixto Ortega asume el control del CIIP
Tras la destitución de Saab, Delcy Rodríguez designó a Calixto Ortega como nuevo presidente del CIIP. Ortega, exautoridad del Banco Central de Venezuela, cuenta con una trayectoria técnica en el ámbito financiero y económico, lo que refuerza la intención del Ejecutivo de priorizar perfiles especializados para la captación de inversiones nacionales e internacionales.
El CIIP es un organismo clave para la estrategia económica del gobierno interino, ya que tiene como objetivo atraer capital extranjero y promover proyectos productivos en sectores estratégicos. El relevo en su dirección busca restablecer la confianza de inversionistas, en un momento en el que Venezuela intenta mejorar su imagen ante la comunidad internacional.
El trasfondo político de la salida de Alex Saab
La destitución de Alex Saab no es un hecho aislado. Días antes, ya había sido removido de su cargo como ministro de Industrias y Producción Nacional, perdiendo así toda representación formal dentro del gobierno. Estos movimientos responden a lo que el Ejecutivo define como un “nuevo momento político”, marcado por la necesidad de ajustes internos y señales de renovación.
El cambio ocurre además en medio de contactos diplomáticos con Estados Unidos y de solicitudes explícitas para reformar estructuras estatales asociadas a prácticas cuestionadas. La salida de Saab es interpretada por analistas como un gesto político que busca desmarcar al gobierno interino de figuras polémicas, asociadas a sanciones y procesos judiciales internacionales.
Repercusiones nacionales e internacionales
La decisión de Delcy Rodríguez ha generado reacciones diversas. Sectores económicos consideran que la salida de Saab puede mejorar la percepción externa de Venezuela, mientras que críticos sostienen que la restructuración responde más a presiones externas que a una transformación estructural profunda. En cualquier caso, el movimiento redefine el mapa de poder dentro del Ejecutivo interino y reconfigura la estrategia económica del país.

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