China acusó formalmente a Estados Unidos de violar el derecho internacional tras la incautación de petroleros que transportaban crudo venezolano, una medida que Pekín calificó como arbitraria e ilegal. La reacción del Gobierno chino se produjo luego de que Washington confiscara un segundo buque vinculado al transporte de petróleo de Venezuela, intensificando la tensión diplomática entre ambas potencias.
El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Lin Jian, declaró que su país se opone de manera sistemática a las sanciones unilaterales que no cuentan con fundamento jurídico internacional ni con la autorización del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Según China, este tipo de acciones vulnera principios básicos del orden internacional y genera inestabilidad en el comercio marítimo global.
Lin enfatizó que Pekín rechaza cualquier acción que atente contra la soberanía y la seguridad de otros Estados, subrayando que la incautación de buques extranjeros constituye una forma de intimidación unilateral. Desde la visión china, estas medidas contradicen los propósitos y principios de la Carta de la ONU, especialmente en lo relacionado con la no injerencia en asuntos internos.
El Gobierno chino también defendió el derecho de Venezuela a desarrollar cooperación internacional independiente, señalando que Caracas puede establecer relaciones económicas y energéticas con otros países sin presiones externas. De acuerdo con Lin Jian, la comunidad internacional comprende y respalda la posición venezolana en la defensa de sus derechos e intereses legítimos.
La controversia se intensificó luego de que la secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Kristi Noem, confirmara la confiscación del petrolero Centuries, de bandera panameña. La Casa Blanca sostuvo que el buque operaba con bandera falsa y formaba parte de una supuesta “flota fantasma venezolana”, utilizada para traficar petróleo y financiar al Gobierno de Nicolás Maduro.
Por su parte, la portavoz adjunta de la Administración estadounidense, Anna Kelly, afirmó que el navío transportaba crudo de PDVSA, empresa estatal venezolana sancionada por Washington, aunque el buque no figuraba en la lista negra oficial. Días antes, Estados Unidos ya había incautado el petrolero Skipper, confiscando su cargamento.
Desde Caracas, el Gobierno venezolano rechazó ambas incautaciones, calificándolas como un “robo”, mientras China condenó las acciones estadounidenses como una injerencia directa en los asuntos internos de Venezuela.

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