El bloque 5 de Flor de Bastión, en el noroeste de Guayaquil, amaneció sumido en el miedo y la consternación tras un sicariato que acabó con la vida de una familia evangélica. El crimen, atribuido a la organización delictiva conocida como Los Tiguerones, se enmarca en una creciente ola de violencia y extorsiones que azota a esta populosa zona de la ciudad.
La madrugada de terror en Flor de Bastión
Alrededor de las 02:30 de la madrugada del jueves, sujetos armados llegaron en motocicletas hasta la vivienda de dos pisos donde residía la familia. Según testimonios de los vecinos, los atacantes dispararon primero contra un vehículo rojo que se encontraba en el garaje. Segundos después, irrumpieron en la casa, subieron al segundo piso y abrieron fuego contra los ocupantes.
La madre, el padre y la hija fallecieron en el lugar. Únicamente un niño de un año, nieto de la pareja, sobrevivió milagrosamente al ataque. El padre de familia, empleado como mensajero del Municipio de Guayaquil desde hace 20 años, era conocido en el vecindario por su labor honesta y su vida dedicada a su familia y a su fe evangélica.
Extorsión y amenazas previas
Fuentes de la investigación revelan que la familia ya había recibido amenazas de extorsión. La banda delictiva Los Tiguerones habría exigido $50.000 a cambio de permitirles seguir viviendo en su propia casa. Ante la presión criminal, la familia colocó carteles con mensajes bíblicos en la fachada, como un intento de protección espiritual frente a la violencia que los acechaba.
Los vecinos confirmaron que en el sector las extorsiones son una práctica común. Muchos residentes han sido obligados a abandonar sus viviendas por no poder pagar las “vacunas” impuestas por grupos delictivos.
El rol de Los Tiguerones en la ola de violencia
La organización conocida como Los Tiguerones se ha posicionado en Guayaquil y otras zonas del litoral ecuatoriano como una de las bandas de delincuencia organizada más temidas. Dedicados al narcotráfico, sicariato y extorsión, imponen el miedo en barrios populares, obligando a las familias a pagar grandes sumas de dinero bajo amenaza de muerte.
Este hecho refleja la estrategia de los GDO (Grupos de Delincuencia Organizada), quienes buscan control territorial mediante el terror. En este caso, la exigencia de $50.000 por el derecho a vivir en la propia vivienda expone el grado de vulnerabilidad al que están sometidas miles de familias en Guayaquil.
Impacto en la comunidad evangélica y en los vecinos
La familia asesinada era parte activa de una iglesia evangélica cercana. Sus integrantes eran reconocidos por su compromiso espiritual y por llevar una vida alejada de cualquier actividad ilícita. La noticia ha golpeado duramente a la comunidad religiosa, que exige justicia y mayor protección por parte del Estado.
Los vecinos, bajo condición de anonimato, relataron que el crimen fue acompañado de gritos, ráfagas de disparos y escenas de pánico. Muchos residentes del bloque 5 aseguran que ya no se sienten seguros ni dentro de sus propias casas, por lo que consideran abandonar la zona para proteger a sus familias.
Reacciones del Municipio de Guayaquil
El alcalde Aquiles Álvarez expresó públicamente su indignación y dolor por el asesinato del funcionario municipal y su familia. Aseguró que el Municipio asumirá los gastos funerarios a través de la Dirección de Acción Social y Educación (DASE), garantizando una despedida digna para las víctimas.
En un mensaje difundido en redes sociales, Álvarez recalcó:
«Hoy amanecimos con una noticia que duele profundamente. Han asesinado a un compañero municipal, un mensajero que tenía más de 20 años sirviendo a esta ciudad. A él y a su familia los mataron. Solo quedó con vida un pequeño de un año».
Asimismo, insistió en la necesidad de fortalecer la coordinación entre el Municipio y el Gobierno central para enfrentar la crisis de inseguridad que vive Guayaquil.
La respuesta policial y el camino a la justicia
La Policía Nacional inició un operativo para dar con los responsables del crimen. Se han recogido versiones de testigos y se analizan cámaras de seguridad del sector. Sin embargo, el miedo de los vecinos a declarar abiertamente complica las investigaciones.
El sicariato de Flor de Bastión se suma a una larga lista de crímenes que evidencian la debilidad del Estado frente al avance de los GDO. La ciudadanía exige resultados concretos en la lucha contra estas bandas, que operan con total impunidad en barrios y zonas comerciales.
Flor de Bastión: un barrio bajo asedio
Flor de Bastión, uno de los sectores más poblados de Guayaquil, se ha convertido en epicentro de extorsiones, asesinatos y robos. En los últimos meses, varios casos de desplazamiento forzado de familias han sido denunciados, debido a la presión de grupos como Los Tiguerones.
El asesinato de esta familia evangélica representa un punto de quiebre para el barrio, donde la población clama por presencia policial permanente, mayor iluminación y control comunitario para frenar la escalada de violencia.
El dolor que no desaparece
Más allá de las cifras y los titulares, lo ocurrido en Flor de Bastión deja una profunda herida en la memoria de Guayaquil. Tres vidas inocentes fueron arrancadas por una estructura criminal que se alimenta del miedo y la impunidad.
El nieto sobreviviente de apenas un año queda como único testigo de una tragedia que desnuda la falta de seguridad y justicia. Mientras tanto, la comunidad se organiza para exigir acciones inmediatas y evitar que nuevas familias sean víctimas de la extorsión y el sicariato.

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