Asesinó a su madre, la metió en una maleta y la arrojó a una zanja

El inicio de una desaparición que ocultaba un crimen atroz

En septiembre de 2024, los habitantes de Alangasí, una parroquia rural de Quito, se vieron impactados por la desaparición de Grace Soraya, una mujer de aproximadamente 50 años, madre de un joven de 30 años identificado como Jean Pierre P. P.. Su desaparición fue denunciada por su propio hijo, quien relató a la Policía que su madre había salido de viaje a Otavalo debido a un cuadro de estrés por asuntos relacionados con la venta de un terreno. Según sus declaraciones, ella salió el 3 de septiembre y debía regresar el 5, pero al no obtener respuesta, reportó su ausencia el día 6 de septiembre.

Lo que parecía ser una desaparición voluntaria, pronto se transformó en un crimen estremecedor. El 4 de septiembre, la Policía halló el cuerpo sin vida de una mujer dentro de una zanja, envuelto en una maleta negra, cubierta con plástico y pintura. La escena del hallazgo evidenciaba signos de estrangulación y asfixia.

Las cámaras, testigos y pruebas forenses apuntan al hijo como autor

Las autoridades iniciaron un exhaustivo proceso investigativo. Mediante el uso de cámaras de seguridad del sector y el testimonio de una residente, surgió una imagen clara de un hombre transportando una maleta pesada y oculta, la misma en la que más tarde se encontraría el cuerpo de Grace Soraya.

La testigo relató: “Vi a un señor que bajaba una maleta negra tapada con plástico. Pensé que era basura o escombros, pero no imaginé lo que en realidad llevaba”. Las características del hombre coincidían con Jean Pierre P. P., el mismo que denunció la desaparición de su madre.

Las pruebas forenses confirmaron que la maleta contenía rastros de ADN tanto de la víctima como del victimario, lo que fue clave en el proceso judicial.

La confesión: crimen tras una discusión doméstica

Tras ser detenido en la vivienda que compartía con su madre en Alangasí, y en medio de un allanamiento donde se descubrieron elementos incriminatorios, Jean Pierre confesó haber asesinado a su progenitora. La causa fue una discusión acalorada originada por una situación aparentemente banal: su madre le pidió que arreglara su cama, donde él guardaba libros universitarios. El joven estalló en ira y, en un arranque de violencia, la estranguló y asfixió, acabando con su vida entre la noche del 2 de septiembre y la madrugada del 3.

Posteriormente, intentó ocultar el crimen comprando una maleta negra, donde introdujo el cuerpo y lo abandonó en una zanja, esperando que el paso del tiempo lo ayudara a borrar las huellas del crimen.

Pericias psicológicas y análisis psiquiátrico del acusado

Durante el proceso judicial, se realizaron evaluaciones psicológicas y psiquiátricas al procesado. La defensa intentó argumentar que el crimen no fue premeditado y que Jean Pierre actuó sin intención real de matar. Sin embargo, los peritajes revelaron que el joven padecía de impulsividad cognitiva y motora, incapacidad para medir las consecuencias de sus actos, y que tomaba decisiones de forma no planificada.

A pesar de este diagnóstico, los expertos concluyeron que el acusado no padecía enfermedades mentales que lo eximieran de responsabilidad penal.

La contundente evidencia presentada por la Fiscalía

El caso fue sustentado con más de 18 archivos multimedia de cámaras de seguridad del sector, testimonios clave, peritajes forenses, análisis de ADN, y la confesión del acusado. Todos estos elementos fueron suficientes para que el Tribunal de Garantías Penales emitiera una sentencia ejemplar.

Además, se incluyó como circunstancia agravante el hecho de que el crimen fue cometido contra una mujer, en concordancia con el artículo 47, numeral 21 del COIP, y con el artículo 10 de la Ley para Prevenir la Violencia Contra la Mujer.

La sentencia: 40 años de prisión por asesinato agravado

El veredicto fue claro: Jean Pierre P. P. fue condenado a la pena máxima agravada de 40 años de prisión por el asesinato de su madre. Esta sentencia se dictó en aplicación del artículo 140 del Código Orgánico Integral Penal, que sanciona con prisión de 26 a 30 años el asesinato de un ascendiente, y que tras la reforma de julio de 2024, contempla agravantes que pueden elevar la condena hasta el máximo permitido por ley.

El tribunal también dispuso una reparación económica de 20.000 dólares a favor de los herederos de la víctima y la notificación del resultado del juicio a los familiares.

Impacto social y mediático del caso

El crimen conmocionó a la opinión pública en Quito y en todo Ecuador. No solo por la crueldad de los hechos, sino por la frialdad con la que el autor intentó ocultar su responsabilidad, al mismo tiempo que fingía preocupación por la desaparición de su madre.

Este caso reabrió debates sobre la salud mental, la violencia intrafamiliar, y la eficacia de las políticas públicas de prevención, especialmente en contextos familiares donde no existen antecedentes penales pero sí señales de conflicto no atendidas.

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