La artista española Rosalía inició su esperada gira mundial Lux con un impactante concierto en Lyon, donde ofreció una propuesta escénica que fusiona teatralidad, simbolismo y sonidos electrónicos. El evento tuvo lugar en el LDLC Arena, ante miles de asistentes que presenciaron un espectáculo completamente innovador.
Desde el inicio, la cantante apostó por el misterio. Una gran caja blanca fue introducida en el escenario y, desde su interior, emergió Rosalía vestida como una bailarina de ballet, marcando el arranque con los temas Sexo, violencia y llantas y Reliquia, pertenecientes a su nuevo álbum. Este primer bloque destacó por su estética delicada, donde la danza clásica acompañó cada interpretación.
El espectáculo evolucionó hacia una atmósfera más lírica con Mio Cristo Piange Diamanti, donde la artista cambió su vestuario por un velo de inspiración operística. Sin embargo, el contraste llegó con Berghain, uno de los momentos más intensos de la noche. Allí, Rosalía apareció con una imagen oscura, incorporando elementos visuales como cuernos y plumas negras, dando paso a una energía electrónica cercana a una rave.
El repertorio también incluyó éxitos de su etapa anterior, especialmente del álbum Motomami. Canciones como Saoko elevaron la intensidad del público, mientras que La fama permitió un momento más cercano, en el que la artista recordó su primera presentación en Lyon.
Uno de los instantes más destacados fue la interpretación de I can’t take my eyes off you, donde Rosalía apareció en lo alto de una estructura escénica, evocando una obra de arte viviente. A esto se sumó Sauvignon blanc, interpretada desde el piano en un ambiente íntimo, iluminado por los teléfonos de los asistentes.
La conexión con el público fue clave durante Dios es un stalker, cuando la cantante descendió del escenario y caminó entre los asistentes, acompañada por la orquesta Heritage. Este momento reforzó el carácter inmersivo del espectáculo, integrando música en vivo con producción electrónica.
En la recta final, temas como Bizcochito y Despechá encendieron el ambiente, consolidando una puesta en escena dinámica que reafirma la evolución artística de Rosalía y su capacidad para reinventar el pop contemporáneo.

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