El 8 de agosto de 2025, el salario mínimo en Venezuela alcanzó un nuevo mínimo histórico: el equivalente a un dólar mensual, de acuerdo con la tasa oficial del Banco Central de Venezuela (BCV), que situó el valor del dólar estadounidense en 130,06 bolívares. Esta cifra refleja una de las peores crisis salariales en la historia contemporánea del país, donde la pérdida de poder adquisitivo ha alcanzado niveles alarmantes.
Aunque el Gobierno entrega bonos adicionales de hasta 160 dólares mensuales a trabajadores del sector público, estos pagos no se integran al salario base y, por lo tanto, no cuentan para beneficios laborales como vacaciones, utilidades o liquidaciones.
Congelación salarial desde 2022
Desde marzo de 2022, el salario mínimo venezolano se ha mantenido fijo en 130 bolívares, monto que en aquel momento equivalía a cerca de 30 dólares mensuales. Sin embargo, debido a la acelerada devaluación del bolívar frente al dólar, hoy esta cifra apenas representa un dólar, lo que implica una caída del 96,6 % en el valor real del ingreso.
Este estancamiento salarial, combinado con una inflación persistente, ha generado una crisis de consumo en todos los estratos sociales, afectando especialmente a los trabajadores públicos, quienes dependen de sueldos que ya no cubren ni los gastos más básicos.
Costo de la canasta básica: un abismo frente al salario
Según cifras del Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM), la canasta básica familiar alcanzó en abril un costo de 503,73 dólares. Esto significa que el salario mínimo actual cubre apenas el 0,19 % de las necesidades mensuales de una familia promedio.
En la práctica, para adquirir los productos esenciales, un hogar necesitaría más de 500 salarios mínimos mensuales. Esta brecha refleja no solo la pérdida del poder adquisitivo, sino también la desconexión entre los ingresos formales y el costo real de vida en Venezuela.
Los bonos como paliativo insuficiente
El Gobierno ha implementado un sistema de bonos mensuales para intentar mitigar el impacto del bajo salario. Estos incluyen:
- Bono de alimentación: 40 dólares.
- Bono de guerra económica: 120 dólares.
Ambos son cancelados a la tasa oficial del BCV y se pagan únicamente a empleados del sector público. Sin embargo, su carácter no salarial significa que no generan prestaciones ni se consideran parte de la remuneración formal. Esto deja a millones de trabajadores en una situación de vulnerabilidad jurídica y económica.
Reacciones políticas y sindicales
El exgobernador y dirigente opositor Andrés Velásquez calificó la actual situación cambiaria como “el umbral del infierno”, señalando que el salario mínimo “ha desaparecido” ante la devaluación. Según Velásquez, “los ingresos se vuelven sal y agua, lo que implica más pobreza, hambre y ruina”.
La Asociación de Profesores de la Universidad Central de Venezuela (APUCV) exigió un ajuste inmediato de sueldos, denunciando que muchos docentes perciben entre uno y cuatro dólares al mes, lo que dificulta incluso el pago del transporte para llegar a sus lugares de trabajo.
Impacto social y migratorio
El deterioro de los salarios en Venezuela ha sido uno de los factores determinantes en la migración masiva que ha experimentado el país desde 2015. Con ingresos que no permiten cubrir ni siquiera la alimentación diaria, millones de ciudadanos han optado por buscar mejores oportunidades en el extranjero, generando una de las mayores diásporas del mundo.
Este fenómeno no solo afecta al ámbito económico, sino también al tejido social, provocando la separación de familias y la pérdida de profesionales en sectores clave como la salud, la educación y la ingeniería.
Comparativa con salarios mínimos en la región
La diferencia entre el salario mínimo venezolano y el de otros países de América Latina es abismal:
- Colombia: Aproximadamente 277 USD mensuales.
- Ecuador: 460 USD mensuales.
- Chile: 600 USD mensuales.
- Perú: 310 USD mensuales.
Mientras que en la región los salarios mínimos permiten cubrir, al menos parcialmente, la canasta básica, en Venezuela el sueldo oficial no alcanza ni para un kilo de queso o un litro de aceite.
Consecuencias macroeconómicas
El colapso salarial tiene repercusiones directas en toda la economía:
- Reducción del consumo interno: Menos capacidad de compra se traduce en menor dinamismo comercial.
- Aumento del trabajo informal: Muchos trabajadores buscan ingresos adicionales fuera del mercado laboral formal.
- Desincentivo a la inversión: Un mercado interno debilitado ahuyenta la llegada de capitales.
- Aceleración de la inflación: La devaluación y la dependencia del dólar presionan los precios al alza.
Perspectivas y posibles soluciones
Expertos señalan que un ajuste salarial inmediato, vinculado al costo real de la canasta básica, sería el primer paso para frenar la crisis de ingresos. Sin embargo, advierten que cualquier incremento debe ir acompañado de políticas económicas integrales que incluyan:
- Control de la inflación.
- Estabilización de la moneda.
- Incentivos a la producción nacional.
- Reforma del sistema de bonificaciones, integrando los pagos adicionales al salario formal.
Sin un cambio estructural, el salario mínimo podría seguir cayendo en términos reales, aumentando la brecha de desigualdad y profundizando la crisis humanitaria.

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