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La tristeza se apoderó de Daule durante el velorio de los ocho jóvenes que fueron encontrados asesinados en la vía Jujan-Babahoyo. Familiares, amigos y vecinos acudieron desde tempranas horas para dar el último adiós a las víctimas, en medio de escenas de profundo dolor e indignación.
El movimiento en el lugar fue constante durante toda la jornada. Decenas de personas acompañaron a las familias mientras los féretros permanecían en una explanada habilitada para la despedida. Entre lágrimas, padres, madres y allegados recordaban a los jóvenes y exigían que el caso sea esclarecido.
Los cuerpos fueron entregados la tarde del jueves y trasladados en caravana desde el Laboratorio de Criminalística y Ciencias Forenses de Guayaquil hasta la comunidad donde residían las víctimas. El sepelio estaba previsto para realizarse durante la mañana bajo resguardo policial.
Según las primeras investigaciones, los jóvenes fallecieron a causa de disparos en la cabeza. Las autoridades informaron que se han iniciado las diligencias necesarias para identificar y capturar a los responsables de este crimen que ha conmocionado al país.
El caso cobró relevancia nacional luego de que los ocho jóvenes desaparecieran el pasado 31 de mayo. Ese día salieron desde Daule hacia Milagro en cuatro motocicletas y posteriormente se perdió todo contacto con ellos. Días después, sus cuerpos fueron hallados dentro de sacos de yute en la vía Jujan-Babahoyo.
Las víctimas fueron identificadas como Jeremy Castro López, Anthony Martínez, Juan Carlos Martínez, Ariel Vera, Jackson C., Roy M., Andy Sáenz y Ricardo Castro.
Durante el velorio, familiares y vecinos rechazaron versiones que intentan vincular a los jóvenes con organizaciones criminales. Aseguraron que eran personas trabajadoras, estudiantes y padres de familia dedicados principalmente a labores agrícolas y actividades productivas de la zona.
Maritza López, familiar de dos de las víctimas, señaló que Jeremy Castro trabajaba en construcciones y colaboraba con las actividades agrícolas de su familia. También recordó a Jackson, de 17 años, quien estudiaba y trabajaba en el campo para ayudar económicamente en su hogar.
Otros familiares destacaron que varios de los jóvenes eran padres de familia y sostenían a sus hogares mediante trabajos relacionados con la agricultura, la mecánica y otras actividades desarrolladas en la comunidad.

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