Con el reciente acuerdo entre Israel y Hamás para liberar a los rehenes en la Franja de Gaza, Donald Trump ha vuelto a situarse en el centro del escenario internacional, proclamando haber contribuido decisivamente a la paz en múltiples regiones del mundo. El expresidente estadounidense y actual aspirante al Premio Nobel de la Paz 2025 sostiene que durante su liderazgo logró poner fin o mediar en siete conflictos internacionales, algo que, según él, “nadie ha hecho en la historia moderna”.
Sin embargo, analistas y diplomáticos cuestionan la profundidad y la duración de dichos acuerdos, señalando que, aunque Trump fue hábil en impulsar negociaciones y treguas temporales, ninguno de los pactos firmados derivó en tratados de paz formales reconocidos por la comunidad internacional. A continuación, repasamos los siete conflictos que Trump afirma haber resuelto y los alcances reales de su intervención.
1. Armenia y Azerbaiyán: la “Ruta de Trump para la Paz”
En agosto, Trump logró reunir en la Casa Blanca a los líderes de Armenia y Azerbaiyán, dos países enfrentados desde hace más de tres décadas por el enclave de Nagorno-Karabaj. De aquel encuentro surgió un acuerdo de cese de hostilidades, considerado un logro diplomático importante, aunque de carácter provisional.
El documento incluyó la creación de un corredor comercial conocido como la “Ruta de Trump para la Paz”, que conecta Azerbaiyán con su enclave de Najicheván atravesando territorio armenio. Este corredor quedó bajo supervisión estadounidense, otorgando a empresas norteamericanas derechos exclusivos para su desarrollo.
Aunque ambos países destacaron el avance, observadores internacionales han advertido que las tensiones persisten y que el acuerdo no garantiza un fin definitivo al conflicto.
2. República Democrática del Congo y Ruanda: el Acuerdo de Washington
Otro de los hitos que Trump se atribuye es el Acuerdo de Washington, firmado en junio entre la República Democrática del Congo (RDC) y Ruanda. El pacto buscaba detener la violencia en el este congoleño provocada por el grupo rebelde M23, acusado por Naciones Unidas de recibir apoyo ruandés.
El acuerdo incluía un alto el fuego inmediato y un plan de cooperación económica que otorgaba a Estados Unidos acceso preferente a minerales estratégicos, como el cobalto y el coltán. A pesar del anuncio, los enfrentamientos continuaron, y organizaciones como Human Rights Watch denunciaron violaciones sistemáticas de derechos humanos.
Aunque el pacto fue publicitado como un éxito de mediación, expertos lo califican como una tregua frágil que, si bien redujo temporalmente la violencia, no resolvió las causas estructurales del conflicto.
3. India y Pakistán: alto el fuego en Cachemira
En mayo, Trump anunció haber conseguido un alto el fuego entre India y Pakistán, dos potencias nucleares históricamente enfrentadas por la disputada región de Cachemira. Según la versión estadounidense, la mediación de Washington fue determinante para detener una escalada militar que había dejado más de un centenar de muertos.
Mientras Pakistán reconoció públicamente el papel de Trump y elogió su liderazgo diplomático, el gobierno indio negó cualquier participación estadounidense en la negociación, afirmando que la tregua fue resultado de canales bilaterales.
Pese a las diferencias narrativas, lo cierto es que los niveles de violencia en la Línea de Control disminuyeron temporalmente, aunque los analistas coinciden en que el conflicto sigue siendo una bomba de tiempo en el sur de Asia.
4. Israel e Irán: una tregua tras los ataques nucleares
En julio, Trump sorprendió al mundo al participar activamente en los ataques de Israel contra instalaciones nucleares iraníes, justificando su acción como una medida preventiva para evitar un enfrentamiento mayor. Doce días después, ambos países anunciaron una tregua supervisada por Estados Unidos, la primera desde 1979.
A pesar de la declaración de alto el fuego, se registraron ataques esporádicos en la frontera y en territorio sirio, lo que refleja que la tensión estructural entre Israel e Irán permanece intacta.
Expertos en seguridad internacional señalan que, más que un acuerdo de paz, fue una pausa estratégica, mientras Trump lo presenta como uno de sus mayores logros diplomáticos en Oriente Medio.
5. Camboya y Tailandia: fin de una escalada fronteriza
La frontera entre Camboya y Tailandia vivió una fuerte escalada militar a principios de año, con enfrentamientos que dejaron decenas de muertos y miles de desplazados. Estados Unidos intervino presionando a ambas partes con amenazas comerciales y arancelarias, logrando un acuerdo de alto el fuego en Kuala Lumpur, bajo la supervisión de la ASEAN.
El pacto, calificado por Trump como “una victoria de la diplomacia sobre la guerra”, fue recibido con escepticismo, ya que ambos gobiernos se acusaron de violar el cese de fuego semanas después. Aun así, la intervención de Washington permitió desactivar temporalmente una crisis humanitaria que amenazaba con desestabilizar el sudeste asiático.
6. Egipto y Etiopía: evitar una guerra por el agua
Uno de los conflictos más delicados de África gira en torno a la Gran Presa del Renacimiento Etíope, construida sobre el Nilo Azul. Egipto y Sudán han denunciado que el proyecto amenaza su seguridad hídrica, mientras Etiopía lo defiende como símbolo de desarrollo y soberanía.
Trump asegura que, durante su primer mandato, evitó una guerra entre ambos países, promoviendo un marco de diálogo en Washington. Aunque las negociaciones se estancaron, la intervención estadounidense moderó las tensiones y postergó una confrontación directa.
En julio pasado, Trump reconoció que la situación sigue siendo “un problema muy grave”, instando a las partes a alcanzar un nuevo acuerdo sobre el uso equitativo del agua del Nilo. Pese a la falta de resultados concretos, la mediación estadounidense evitó una escalada bélica, al menos temporalmente.
7. Serbia y Kosovo: normalización económica sin paz política
En 2020, durante su primer mandato, Donald Trump promovió un acuerdo de normalización económica entre Serbia y Kosovo, dos países con profundas diferencias desde la guerra de los Balcanes. Aunque el conflicto armado terminó en 1999, la falta de reconocimiento mutuo seguía generando fricciones políticas y diplomáticas.
El acuerdo, firmado en la Casa Blanca, permitió abrir rutas comerciales y de transporte, pero no abordó el tema de la independencia de Kosovo, que Serbia sigue sin aceptar.
A pesar de no resolver una guerra activa, Trump presentó el pacto como un modelo de reconciliación europea, destacando que fue el primer acercamiento significativo entre ambos gobiernos en más de una década.
La carrera por el Nobel de la Paz
Con estos siete acuerdos en su haber, Donald Trump se postula nuevamente como candidato al Premio Nobel de la Paz, argumentando que ha logrado más avances diplomáticos que cualquier otro líder contemporáneo. Sin embargo, la comunidad internacional y diversos organismos multilaterales se muestran escépticos, pues muchos de sus llamados “logros” se sostienen sobre treguas frágiles y acuerdos sin ratificación formal.
Aun así, su capacidad para posicionarse como mediador global, combinada con un estilo de negociación directo y pragmático, mantiene vivo su objetivo de ser reconocido como un artífice de la paz mundial, algo que, según sus palabras, “la historia terminará por reconocer”.

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